Sobre los títeres del demonio y sus planes para pervertir el planeta
Rosario del Milagro
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Las personas que están dentro de estos cultos a demonios ya son sus títeres. Si bien nunca hay que perder la esperanza en su conversión y debemos orar por todos ellos para que se arrepientan, hay que entender que sus líderes y los más fanatizados, ya están demasiado inmersos en la oscuridad por tener sus manos manchadas de sangre inocente.
Estos títeres con el tiempo dejaron de tener la capacidad de tener simpatía alguna para con nadie (si es que alguna vez la tuvieron). Por fuera parecen personas normales, expertos en la mentira, pero en su círculo de confianza se dejan ver como lo que son. Lobos rapaces.
Los líderes, son personas a los que el demonio les ha dado a cambio de sus favores, poder e influencia en la sociedad, con el fin de que ellos puedan obrar con más libertad y no ser detectados fácilmente por el pueblo común y corriente, lo que los hace más peligrosos.
Ellos saben que si el pueblo de Dios algún día despierta y se da cuenta del engaño, serían cazados y exterminados sin vacilación alguna y no habría cantidad de dinero suficiente, ni lugar apartado del mundo que sea seguro para escapar.
Por eso, desde hace siglos, gracias a sus puestos de poder, obtenidos por la influencia del demonio, los títeres están constantemente intentando modificar leyes, costumbres, creencias, valores, etc… para normalizar poco a poco, las aberraciones que el propio demonio les dicta.
Es por eso que el pueblo de Dios debe comenzar a salir de su letargo y su cobardía cuanto antes, para evitar que sigan avanzando más, de lo que ya lo han hecho.
Si el pueblo se despertara y uniera, podría ponerles un alto rotundo, antes que el aparato diabólico sea tan grande que sea imposible de vencer, salvo por la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo que inexorablemente pondrá fin a todo de una vez por todas.
Pero claro, la idea es no esperar que llegue Cristo para combatir el mal y no quedarnos de brazos cruzados esperando que Jesús arregle todo. Debemos actuar como seguidores de Cristo y no como pusilánimes para evitar que Dios nos vomite por tibios una vez tengamos que rendir cuentas ante Él.
En la guerra entre el bien y el mal, hay que elegir un bando. Los que eligen la neutralidad por cobardía, están eligiendo el bando del mal sin saberlo y serán juzgados por su omisión en el cielo.















